Mira al entrenador

PAPÁ, ESTÁS MIRANDO EL LOGO CUANDO DEBERÍAS MIRAR AL ENTRENADOR

July 15, 20268 min read

PAPÁ, ESTÁS MIRANDO EL LOGO CUANDO DEBERÍAS MIRAR AL ENTRENADOR

Cómo elegir de verdad dónde debe entrenar tu hijo, y por qué tú decides más de lo que crees.


Cada semana me llega el mismo tipo de pregunta de un papá preocupado:

"¿Cómo hago para meter a mi hijo en MLS Next?" "¿La ECNL es buena?" "¿Cuál es la mejor academia? ¿Me recomiendas alguna?"

Y te voy a ser honesto, porque para eso estoy: casi todos están haciendo la pregunta equivocada.

La pregunta no es "¿a qué academia de nombre lo meto?". La pregunta es "¿cuál es el lugar correcto para que mi hijo siga desarrollándose?". Y no son lo mismo. Casi nunca son lo mismo.

Hoy quiero ayudarte a mirar lo que de verdad importa cuando eliges dónde entrena tu hijo. Porque esa decisión, la tomas tú, y pesa más de lo que imaginas.

El nombre no importa. El logo no importa.

Sé que suena raro viniendo de alguien en este mundo, pero es la verdad: el escudo en la camiseta no forma a tu hijo. El entrenador sí.

Puedes meter a tu hijo en la academia con el nombre más grande y el logo más bonito, y si el entrenador está ahí solo por el sueldo, sin ganas de formar, sin ganas de desarrollar a cada niño, tu hijo va a estar en un lugar de prestigio sin aprender nada.

Lo he visto mil veces. Niños en clubes famosos, estancados, perdiendo el amor por el juego, jugando poco, mientras el papá se siente tranquilo porque "está en la mejor academia".

Y al revés también lo he visto: un club chico, sin nombre, con un entrenador que de verdad quiere formar sacando jugadores que después terminan destacando y niños disfrutando y mejorando semana a semana.

Porque lo que forma no es la marca. Es la persona que está parada frente a tu hijo y el ambiente que lo rodea cada entrenamiento.

Entonces, ¿qué sí tienes que mirar?

Cuando vayas a elegir, deja el logo a un lado y observa esto:

Al entrenador, sobre todo. No preguntes solo su currículum. Ni si jugó profesional. Ve a verlo entrenar. ¿Corrige a los niños o solo los deja jugar? ¿Le explica el porqué de las cosas o solo grita? ¿Le presta atención a todos o solo a los tres que ya son buenos? ¿Se le nota que disfruta enseñar, o está mirando el reloj para irse? Un entrenador que quiere formar se nota en cinco minutos. Uno que solo está por el pago, también.

Si tu hijo va con ganas. Un niño que va feliz a entrenar aprende. Uno que va con miedo o con pereza, no. Las ganas son el combustible de todo. Si tu hijo perdió las ganas de ir, algo está mal en ese lugar, por más nombre que tenga. Puede ser su entrenador o compañeros. 

Cuánto juega tu hijo, de verdad. Un niño en la banca de un equipo de nombre aprende menos que uno que juega 90 minutos en un club chico. El desarrollo pasa jugando, no calentando banca por el prestigio de estar en el equipo "bueno". Preguntá: ¿cuántos minutos va a jugar realmente mi hijo acá?

Si de verdad lo exigen. Ojo, cómodo no significa consentido. El lugar correcto empuja a tu hijo a mejorar, le pide más, lo saca de su zona de confort. Pero lo hace desde las ganas y el respeto, no desde el miedo y la humillación. Hay una diferencia enorme entre un entrenador que exige porque cree en el niño, y uno que grita porque descarga su frustración.

El nivel de sus compañeros. Tu hijo se desarrolla al nivel de los que lo rodean. Si es el mejor de un grupo flojo, se estanca. Si es de los más flojos de un grupo fuerte, crece (siempre que juegue). El entorno de jugadores importa tanto como el entrenador.

Cómo tratan el error. ¿En ese lugar equivocarse se castiga o se enseña? Un ambiente donde el niño tiene miedo de fallar mata la creatividad y las ganas de intentar. Uno donde el error es parte de aprender, forma jugadores valientes. Se nota mirando cómo reaccionan cuando un niño pierde la pelota.

Ese es el lugar correcto. Un entrenador que forma, un ambiente donde tu hijo quiere estar, y una exigencia sana que lo hace crecer. Tenga el nombre que tenga.

Y ojo: no todo es técnica o fisica.

Hay otra trampa en la que caen muchos papás, y es creer que formar a un futbolista es solo entrenar el pie. Que si tira bien, gambetea bien y corre rápido, ya está.

No. Un jugador completo se forma en mucho más que eso.

Yo trabajo con 8 pilares, porque un futbolista se construye en 8 dimensiones, no en una: Propósito, Técnica, Táctica, Física, Mental, Emocional, Social y Estilo de Vida. La mayoría de jugadores entrenan tres, las que se ven, y olvidan las otras cinco. Y justamente esos cinco que no se ven, la cabeza, las emociones, el carácter, los hábitos, el para qué, son los que terminan decidiendo quién llega y quién se queda en el camino.

Elegir bien la academia atiende una parte de esa formación. Pero el resto se construye en otro lado. Y ahí es donde tambien entras tú.

Papá, tú formas tanto como la academia.

Esta es la verdad más importante de todo este mensaje, y la que casi nadie se atreve a decirte: del papá depende muchísimo que el jugador se forme bien.

No hablo de gritarle desde la banda, de discutir con el árbitro, ni de vivir a través de él el sueño que tú no cumpliste. Hablo de lo que sí está en tus manos, y que ninguna academia puede hacer por ti:

Elegir bien dónde entrena. El entrenador, no el logo. Ya hablamos de eso, y es tu primera gran decisión.

No presionarlo. La presión mata las ganas, y sin ganas no hay futbolista. Un niño que juega para no decepcionarte juega con miedo, y el miedo tapa el talento. Deja que juegue para él, no para ti.

Ser papá en el carro de vuelta a casa, no entrenador. El momento después del partido define muchísimo. El niño no necesita tu análisis táctico ni tu lista de errores apenas se sube al carro. Necesita a su papá. La frase que lo resume, y que a los padres les explota la cabeza: "disfruté verte jugar". Nada más. Ese viaje de vuelta forma o destruye la relación del niño con el juego.

Amar a tu hijo igual, juegue bien o mal. El niño tiene que saber que tu cariño no depende de su rendimiento. Cuando un hijo siente que lo vas a querer igual haya metido tres goles o haya fallado un penal, juega libre, sin miedo. Cuando siente que tu amor depende de cómo jugó, juega con una mochila de piedras.

Reconocer cuándo está cansado. No siempre la solución es entrenar más. A veces tu hijo necesita descansar, dormir, o simplemente que le preguntes cómo está. Aprende a leer cuándo está agotado, del cuerpo o de la cabeza.

Prepararlo fuera de la cancha. La alimentación, el sueño, los hábitos, el carácter, cómo maneja perder, cómo se levanta de un mal día. Todo eso se forma en casa, contigo, y es tan importante como cualquier entrenamiento.

Nada de eso lo hace la academia. La academia entrena unas horas a la semana. Tú formas al ser humano el resto del tiempo.

Lo más importante que te voy a decir

Tienes un hijo que sueña con ser futbolista profesional. Dame un minuto mas.

Apóyalo con todo lo que tengas. Llévalo a los entrenamientos, a los partidos, acompáñalo. En ese camino, los dos van a aprender muchísimo.

Pero déjame recordarte algo, papá: no todos van a llegar a ser profesionales. De hecho, la gran mayoría no llega. Esa es la verdad, y prefiero decírtela de frente.

Y no está mal que tu hijo no llegue. Porque el punto nunca fue ese.

Te lo dice alguien que recorrió el camino completo. Yo llegué a jugar tercera división profesional y a hacer pretemporadas con equipos de primera. Y no llegué más lejos, y no fue por falta de esfuerzo. Fue porque el resultado final no lo controlas tú, ni tu hijo, ni nadie. Depende de mil cosas que están fuera de tus manos.

Por eso no trates esto como una lotería, donde apuestas todo a que tu hijo llegue a profesional. Porque si apuestas todo a eso, y no llega, sientes que perdiste. Y no perdiste nada.

El verdadero punto es usar el fútbol como una herramienta para formar a tu hijo. Para que sea fuerte, resiliente, de buen carácter, con buenos hábitos. Un joven con propósito, que aprendió a esforzarse, a caerse y levantarse, a trabajar en equipo, a manejar la presión.

Eso es el verdadero premio. Y eso no depende de agentes, ni de entrenadores, ni de oportunidades.

Si llega a profesional, felicidades. Y si no llega, también. Porque si tu hijo es feliz, y creció como persona, ya ganaste. No caigas en el ego de decir "mi hijo es futbolista" mientras tu hijo es infeliz.

Un hijo fuerte y feliz. Ese es el premio de verdad.

Y ese sí depende de ti.

Privitera10

Privitera10

Te enseño como se forma un futbolista completo.

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